A veces me siento incómodo en el día, aturdido y asfixiado por un mar de gente que pareciera no tener destino pero si bastante afán, y llego tan cansado a casa que dormir una siesta se hace tan placentero que esa siesta me puede tomar horas y convertirse en un profundo sueño.
Fue en una de esas siestas en las que soñé esa ciudad nocturna, tranquila, acogedora y sobretodo fría.